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La “preparación” para el momento del encuentro

Para preparar esta “muerte anunciada”, decidimos apoyarnos en nuestros amigos sacerdotes jesuitas y en un sicólogo. Además contactamos a una pareja que había vivido algo parecido hace unos años para que nos contaran su experiencia. Hablamos y conversamos con mucha gente, lloramos, pensábamos en que habíamos hecho para pasar por esto. Pese a todo, sabíamos que nada era suficiente para prepararnos para ese momento.

Andrea y Gabriel

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Ahora nos damos cuenta de lo vulnerables que éramos en esos días. Aproximadamente a las 31 semanas de embarazo el medico nos solicitó que comenzáramos a tomar ecografías semanales ya que el estado de nuestra hija era cada vez más complejo y su muerte podría ocurrir en cualquier momento y efectivamente así ocurrió, ella falleció a las 34 semanas y cuando supimos esto automáticamente imaginamos una cesárea, sin embargo el medico prácticamente no nos dio la posibilidad de elegir, solo argumentaba que lo mejor sería un parto y aunque creemos que él fue un muy buen profesional, evidentemente no pensaba en el costo emocional de esto. Hoy después de 2 años podemos decir que fue una buena alternativa, fue un momento fuerte, pero bello a la vez, pudimos tener a nuestra hija en brazos por fin, fuimos tratados con mucho respeto, cariño y aunque la recuperación física fue muy rápida, ese momento sigue siendo un recuerdo muy doloroso.

Denisse e Iván

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“(…) no tuvimos preparación para nuestro encuentro, hui de ese momento todo el tiempo, era mi mayor miedo, la psicóloga del hospital dijo que estaríamos en una salita al momento de nacer, estaríamos acompañados, menos mal que tampoco me aferré a eso porque nada fue así, lo único que puedo decir es que al verla y aún en mis sueños es bellísima, mi mejor maestra”.

Stefania, mamá de Trinidad

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La preparación consistió en cierta medida, en “hacer cosas”. Pequeñas, pero significativas. Eso me ayudó a dar escape a la angustia. Así, por ejemplo, después de haber leído testimonios en internet de otros papás, sacamos ideas y le pusimos música: las mejores canciones. Le di a probar cosas ricas. Nadé en piscinas, respiré aire puro. Todo eso para que no se fuera sin haber probado lo mejor de la vida.

Para su nacimiento, nos aseguramos de conversar con los doctores, para que todo fuera como queríamos. Mandé a hacer santitos de su bautizo, con una imagen coherente a lo que iba a ser (cabecita grande, cuerpo pequeñito, yéndose, cruzando la cordillera). También tarjetitas de agradecimientos a quienes nos acompañaron. Además, escogí un salmo – el 121- y adapté su lenguaje al mío, para hacerlo propio. Lo leeríamos, si nos daba el tiempo.

Me tranquilizó, de alguna forma, haber hecho algo para recibirlo. Aunque pienso, que solo el amor que le teníamos, bastaba.

Blanca

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Es muy difícil estar realmente preparado para enfrentar la muerte de un hijo, independiente de la situación en que este momento se presente. Sin embargo, pequeñas acciones nos permitieron poder sobrellevar este momento de mejor forma. Conversar y planificarlo con nuestra familia y doctores involucrados fue un aspecto que nos ayudó mucho. No había nada que pudiéramos predecir con completa certeza, pero el hablarlo con personas cercanas me ayudó a ponerme en diferentes situaciones y “prepararme” a las diferentes posibilidades y desenlaces del momento del encuentro.

Daniel

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